Sábado por la mañana, super plan de la muerte: tengo que ir a IKEA a por un par de cunas para los gemelos. Mi dueña me lo dice como quien no quiere la cosa, con su particular forma de endiñarme misiones temerarias.
-Tenemos que comprar dos cunitas... -dice-ordena-planea-dispone sobre el mapa de operaciones usando a propósito la primera persona del plural (Nos) pero que sólo me incluye a mí of course.
-Pero es sábado... -amago un leve conato de rebelión-... víspera de Reyes. ¿Sabes cómo estará aquello de gente?
-Sí -resuelve-, por eso vas a ir solo, para no perder tiempo. Tienes dos horas.
¡¡Hostia-copón-de-vino-pastores-a-Belén-que-el-niño-ha-dicho-caca!!
Y voy para allá, con el coche (claro), y Abba a todo trapo (que también son suecos como los de IKEA y me molan desde que levantaba dos palmos del suelo). Sí, ya lo sé, Abba son super ñoños y empalagosos, pero a mí me gustan, sobretodo ellas (la rubia y la morena, que vaya par de pompis gastaban las titis) Decían que tenían los culos más sexys de toda Europa. Luego todos crecimos y a una de ellas se le fue la olla.
Tardo una hora en llegar al emporio sueco de los muebles de los cojones, aparco en su ratonera para idiotas, creo que dejo el coche en la fila H línea amarilla (pero puede que no sea así), y me introduzco en su laberinto para ratas. Me pregunto si todos los IKEA del mundo estarán diseñados con la misma mala hostia, que te obliga a recorrer toda la tienda como un borrego, almacenes incluidos, antes de llegar a las cajas (cuarenta o cincuenta) pero sólo funcionan diez. Si no compras nada te invitan a pasar por la salida "sin compra": un pasillito similar a una pasarela de patíbulo para pringados que avergonzaría al mismísimo Harry el sucio y sobre el que gravitan dos seguratas de cuerpo ciclópeo y gesto simiesco de albergar tras sus pobladas cejas un doctorado en macroeconomía y dos tesis sobre física cuántica (por lo menos) y que por lo demás tienen unas ganas del copón de pillar a algún listillo con un juego de tenedores Stroenjershy bajo el sobaco. Yo paso dos cunas y sus respectivos complementos (colchones made in Chunamilandia, edredones made in Estonia y un par de cosas más que no tengo ni idea de para qué sirven pero son chulas). A base de dar vueltas como un enajenado logro encontrar la ubicación exacta de mi coche. A base de empujones logro introducirlas en la parte trasera (las cunas) mientras un fulano que ansía mi aparcamiento me observa con las luces de emergencia parpadeando, codo en la ventanilla y mirada aviesa de date prisa, coño. Pues haber madrugado, cabrón, pienso haciendo de mis movimientos un hito de los paseos espaciales y la antigravedad, me demoro un poco más sonándome los mocos y recomponiéndome el paquete a la derecha, finjo que me llaman al teléfono móvil, finjo que es una conversación de lo más interesante, sonrío, cabeceo convencido y luego niego de forma rotunda, Ah, no, por ahí no paso... Dile a Minguito que lo quiero a primera hora de la mañana. Cuelgo y me vuelvo a recomponer la hombría antes de entrar en el coche, ajustar los espejos retrovisores (qué sucios están, debería pasarles un paño...), encintarme el cinturón de seguridad con una lentitud de buzo, recuperar a Abba y arrancar a pedo de burra cual abuelote conduciendo un carro de combate.
Un inciso: dicen que el señor IKEA Chúpame el reno (o como se llame) es una de las diez mayores fortunas del mundo, lo que no le impide llevar una vida austera y sin lujos. O sea, que además de estar forrado por dentro y por fuera es un tacaño de huevos.
Dicho lo cual regreso a casa a toda leche, me como todos los radares de velocidad que hay por el camino, cortesía de la Santa Diputación de Bizkaia (sic), con Abba cantando a grito pelado que Gracias por la música. Pues, de nada, chatas, yo por esos culitos lo que haga falta. Tiempo total: una hora cuarenta minutos. Pero ahora viene la madre del cordero, es decir: montar las dichosas cunas, modelo Hensvik en rabioso color blanco made in Cucunilandia que pesan media tonelada cada una. Ya en casa, despliego el plano en dieciocho idiomas (incluido el chino cantonés, el birmano y el pakistaní, que los he contado). Mi dueña toma a los niños y abandona el hogar para ir a dar un paseo y, por añadidura, para que no escuchen cómo su padre se condena de por vida mentando a toda la corte de reyes suecos desde Olaf II tres dedos a Vicky el vikingo, la madre del señor IKEA y a Henning Mankell por lo de la cercanía.
En realidad, las cunas no tienen nada del otro jueves: cabecero, pies, dos paños laterales y el fondo, pero traen tornillería como para remachar la proa del acorazado Potenkim. Sigo las instrucciones al pie de la letra (los dibujos no dan demasiadas explicaciones, son para tontos como quien dice, es decir, como para mí, o como para usted, señor. Debe de ser así cómo nos ven estos suecos de los huevos: igual que tontos del culo.
Otro inciso: que digo yo qué necesidad habrá de tener montada ya la habitación de los gemelos si no los vamos a ubicar allí hasta dentro de un mes. Qué prisa, qué frenesí, qué ...yo qué sé. Mas así debe hacerse, que lo dice la ley de concordia doméstica. Dicho queda.
Me pongo manos a la obra. Estudio el plano, desembalo las piezas con cuidado, las miro y las remiro, las cuento porque no me fío ni un pelo de estos rubitos nórdicos con apellidos que lo mismo nombran una graciosa cuna que un lanzacohetes. Trajino, sudo, resudo, juro y rejuro. Los tornillos no entran donde debieran. O me faltan agujeros o me sobran tuercas. No sé, es todo tan confuso en sueco. Miro el reloj. El tiempo pasa. Las piezas descansan en el suelo. Vuelvo al plano, donde un monigote con cara contrariada observa también las piezas. Qué hijoputas, me digo, si hasta saben la cara que estás poniendo. Una hora después, y tras hacer acopio de toda mi ciencia recomponiendo vísceras en el quirófano, la primera cuna va tomando forma de catedral gótica. Esto marcha, exclamo alborozado. Aunque no me termina de convencer. Conecto la música para el debido relajo mental que esto supone. Abba. Suena Happy new year que en la versión castellana fue traducido como Felicidad. Pues nada, que siga la fiesta con esos culitos embutidos en trajes espaciales. Realizouna breve incursión en la cocina, lingotazo de Albariño bien frío. Joder con el Imperio... Segundo lingotazo de Albariño. Joder cómo entra este brebaje... Dejo la botella a la vista.
Al cabo, mi dueña aterriza en casa con toda la tropa hambrienta, suegro incluido (también hambriento pero a estas alturas no le voy a dar biberón) que tiene que supervisar mi obra de arte y dejar flotando en el aire uno de esos comentarios de ingeniero que tanto jode a los obreros, acompañado de un punzante Toda la mañana a tu aire, ¿eh? cuya réplica se me queda atascada en la garganta debido a su carga letal de metralla y explosivos.
La cuna está terminada pero me sobran dos tornillo, una pieza de plástico que no tengo ni idea de para qué sirve, una tuerca y otra pieza de madera. Decido esconderlo todo dentro de un cajón cercano. Ya habrá tiempo de analizarlo en el futuro con más calma. Otro día.
-Ahora que ya sabes montarla -exclama mi dueña-, la próxima te llevará menos tiempo.
Asiento en silencio, algo entristecido.
Sólo espero que ninguna de esas piezas sobrantes sean vitales para supervivencia de la susodicha cuna.


13 Réplicas:
Decidido,le voy a pedir a los Reyes un marido como tú.
Besos
Tranquilo. No sirven para nada las piezas que sobraron. A cada cosa que arma mi marido le sobran piezas y nunca se rompió nada. Besos y buen año.
En qué mente calenturienta se empezó a gestar el dichoso inventito de crear IKEA?. Y encima dices que es roñoso, me pega todo.
A que te faltaba la llave trelinjka para ajustar los topes de las tuercas?
Aquí en madrid los que vienen por la carretera de burgos hacia arriba decimos que tienen todo cara de Ikea.
Óscar,
Estupenda incursión en el paraiso IKEA (al menos vosotros tenéis uno, los valencianos andamos todavía en la prehistoria) aunque observo una pizca de malicia en esa supuesta llamada al móvil. Imagínate la de rayos y centellas que te han debido de caer en un momento en el cogote... hombre eso no se hace.
Un diez por el Albariño (te lo has ganado) y creo que la satisfacción de tus niños en sus cunitas supera todo comentario político que haya podido caerte.
Sólo te deseo que esta noche no tengan añoranza y se pongan a llorar tus gemelos, seria una lástima estropear una noche de tan especial en la que tres tios que nadie nunca ha visto conceden sueños.
Un abrazo,
Estel J.
Feliz Año Nuevo Imperio... Tus hijos te lo asgradeceran con un profundo y duradero sueño en sus cunas blanditas todas las noches... o no... jejej... Un besazo
Todos los hombres (que no humanos) nacemos y vivimos iguales.
jajaja, eres genial!...y no te preocupes por los tornillos que sobran, que eso es una ley!: ley de Murphy!!
Te deseo muchas cosas bonitas para este año 2009, pero de las que mas son tres que te cuento:
1.- Que de los cielos te caigan las bendiciones con el internet para que nunca mas tengas problemas para postear en tu blog.
2.- Que visites mi Noche Hermosa de vuelta cada vez que te plazca, ya que en realidad sabes que eres gratamente recibido allí..y te sigo con esmero porque me parece que escribes fantastico.
3.-Que la vida te de muchos momentos de paz, reflexión y sabiduría..y te permita disfrutar de la compañía especial que representa tu familia
Del resto ya, paciencia para armar la segunda cuna..
Saludos a la tropa.
..a como está la cosa "HAPPY NEW FEAR", y claro, Feliz año
Los gemelos son iguales al padre!
"Los gemelos del Norte" que los que iban con Manolo escobar eran los del Sur.
Saludos a toditos mis niños y niñas que se asoman a este caótico puente.
Bueno, si sobreviviste a esa mañana en el IKEA y al folleto de las instrucciones de montaje... eres todo un héroe.
Además, nos cuentas el episodio de una manera tan divertida...
Por cierto, ¿qué tal te quedaron las dos cunitas? Espero que el esfuerzo mereciera la pena.
Besitos para los gemelos y feliz año para ti y toda la familia.
Si te consuela saberlo, hace unos días tuve a dos "profesionales" media mañana en mi habitación montando un canapé IKEA. Se supone que dedican su vida a eso... y aun así, se las vieron y desearon para que esas cajitas llenas de tablas diminutas se convirtieran en "algo" sobre lo que poder dormir. Cuando se fueron descubrí en el suelo esas famosa bolsita abierta... la de las piezas sobrantes que nadie (ni ellos) saben para qué coño sirven. (Ni cruje ni he caído a plomo. Parece que no eran imprescindibles...)
Eres genial carino mio, me hubiera gustado en mi tiempo haber conocido un tipo como tu y no al aburrido de mi marido. Al menos sirves para armar cunas.
Abrazos repetitivos.
Aurora
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