lunes 25 de octubre de 2010

Cuento de Navidad (prematuro, sí, que uno nunca sabe dónde estará entonces)

A veces paso por su calle. Habita en una de esas avenidas comerciales del centro, plagadas de tiendas acogedoras con hilo musical y letreros luminosos, que invitan a quedarse. La gente pasea indolente mientras hace las compras y se ríe con la despreocupación de quien se cree a salvo del futuro porque llega la Navidad. A veces me detengo a observar. Ya no es raro ver a un mendigo en nuestras calles, ni siquiera si ese mendigo es joven. Lo que resulta ciertamente extraño es que ese mendigo sea una chica joven. Y guapa. Una chica sentada en la acera, leyendo.
Simplemente está ahí, y lee. A pocos metros se abre una plaza recién reformada con farolas de diseño que semejan palmeras a punto de derrumbarse, y bancos ultramodernos donde no se sentaría ni un faquir. Nada de todo ello altera la postura de lectora que esta chica adopta en su labor de mendicidad.
Dicen que la Navidad está a la vuelta de la esquina, pero yo he ido hasta esa esquina y uno sólo ve la entrada de un aparcamiento. Los castañeros se anuncian en internet y el turrón duro es más blando que nunca, hecho sin azúcar para los diabéticos…
Debe de ser cálido lo que lee esa chica, porque no parece afectarle el frío de la tarde, el frío de este diciembre que se ha adelantado. Arrebujada en su acera con las piernas encogidas, asomada a los bordes de un libro raído, el mundo parece girar a su alrededor sin un motivo concreto. A sus pies dormita un perro que observa a los viandantes con cierto aire de aristócrata en el exilio. Sí, debe de ser apasionante lo que sucede en esas páginas, amarillentas como la arena de una playa lejana y tórrida, o como los restos de un pergamino medieval. No puedo evitar observarla a hurtadillas, con esa vergüenza que todos sentimos al ver a una chica joven y guapa pidiendo en la calle. Imagino, entonces, que su biblioteca será tan pobre que sólo alberga buenos libros. Aunque como decía mi abuelo, parafraseando a no sé quién, no existe libro malo sino lector inadecuado.
Pienso por un instante si lo que lee estará repleto de cosas fabulosas e increíbles, si acaso ese libro sea como el que el joven don Martín Vázquez de Arce, doncel de Sigüenza, se llevó al sepulcro para atemperar los largos siglos de espera mientras aguardaba la llamada final de las trompetas de la resurrección. También debe de ser prodigioso lo que se lee en ese libro de mármol, abierto en dos mitades para toda la eternidad, y que no altera la serenidad de su lector.
Vuelvo a la chica. Debe de ser nutritivo lo que se cuece en esas líneas desvaídas, que le impiden levantar la vista para ver que algunas personas, al pasar junto a ella, no pueden evitar una mueca de asombro o de desprecio. Como si la pobreza o mala suerte fuesen enfermedades contagiosas.
Ahora que la Navidad comienza a finales de septiembre, coincidiendo con la semana fantástica de la ropa interior, y acaba en las rebajas de enero; debe de ser extraño transitar por las calles de esta ciudad con un libro desgastado entre las manos. Y casi sin darme cuenta, no sé porqué, pienso en el cuento de la cerillera, cuento triste, cuento de navidad, cuento para leer cerca de un fuego. Solo falta que comience a caer una nieve pausada, blanquísima, cinematográfica y enmoquete las baldosas flojas, y la gente decida saludarse con un: ¡Feliz Navidad, señora Mortimer! ¡Feliz Navidad, señor Mc Namara! Como en un cuento de Dickens. Sería la repanocha. A pocos metros de la acera donde se sienta hay un puesto de castañas que invade el aire con su olor a cocina de pueblo. Es un olor que no pega en esta ciudad. Compras doce y cuatro salen malas. Especialmente la última, que te deja un regusto acre en la boca. Y el firme propósito de no repetir la gesta. Ni siquiera sé de qué color son sus ojos.
Si Delibes la viera, a buen seguro escribiría algo así como muchacha leyendo sobre fondo indiferente.
Sin embargo este diciembre tampoco nevará: lo ha dicho la televisión, que sabe todo lo que nos depara el futuro. En cambio se ha puesto a llover. Es una lluvia tímida que cae despacio como pidiendo permiso y la chica, ahora los veo, tiene ojos verdes. Ha levantado la cabeza un momento y mira desconcertada a su alrededor, como si regresara de un largo viaje y no reconociera el decorado, la calle donde pide limosna cada tarde.
Sí, debe de increíble lo que cuenta ese libro que ahora mismo cierra después de doblar con mimo el extremo de la hoja en la que se ha quedado. Quizás por hoy ya es suficiente, quizás el día no da más de sí, o esta ciudad que le ha tocado en suerte. Observa entonces la cajita de su recaudación, donde un puñado de monedas juegan a trazar constelaciones de planetas, donde alguien invisible ha roto el juego imposible de rotaciones depositando un papelito pulcramente doblado que semeja un billete de cincuenta euros.
¿A dónde se retira la gente a la que sólo le queda leer?, me he preguntado por un instante. Es probable que ya nunca lo sepa. La chica guarda el billete con gesto de prestidigitador en un bolsillo de su abrigo, hace una seña a su perro y comienza a andar a paso ligero en dirección al parque cercano, diríase que algo más feliz. Ahora llueve con intención de diluvio, la gente se entorpece con los paraguas en una especie de batalla medieval que invade las aceras, los coches avanzan por la avenida a golpe de bocina, todo se ha vuelto inhóspito y hostil mientras de fondo suenan villancicos a ritmo de discoteca. A mí también se me está haciendo tarde: tengo la necesidad de comprar un libro, pero ya no tengo mi billete de cincuenta euros. En el mismo lugar donde sólo queda el hueco de la chica todo se repite, me digo hoy, todo se tiñe de cierto olor a despedida, y, ciertamente hoy, nada parece un cuento de navidad.

9 Réplicas:

Mita dijo...

Es ...perfecto.! Me encanta, me he tomado un té de naranja antiresfriado a tu salud!
Prost!

Sombras Chinescas dijo...

Ignoro si cuento o glosa, el el caso es que me gustó. Sentida enhorabuena.

Saludos.

WODEHOUSE dijo...

POR FAVOR! YO QUIERO SER TU. COMO ESCRIBES, QUE MANERA DE RETORCERTE Y RETORCERME LOS ENTRESIJOS, SOY TU MAS GRAN Y MEJOR FAN. TE LO JURO, EL MUNDO ES ASI DE LOCO Y AHI ESTAMOS LOS QUE NO ASPIRMOS A TRIUNFAR EN NADA PARA MIRARLO, PERO ES QUE ADEMAS TU LO CUENTAS QUE ES DE PREMIO NOBEL!!!
QUE ORGULLOSA ESTOY DE SER TU AMIGA

Oscar Alonso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
BB dijo...

Chapó, amigo. Es lo más hermoso que te he leído y es mucho decir.
Esa muchacha que sólo lee buenos libros, aunque sean pocos, me ha enternecido tantísimo, porque nos la traes con tu bella palabra, que nos hace seguirte, en total arrobamiento, como si del flautista de Hamelin se tratara.
Qué preciosa y triste historia de Navidad adelantada, de esa fecha que sólo fué inventada para los ricos...
Un abrazo
BB

Oscar Alonso dijo...

Mita: pues qué bien.
Prost

Sombras: Ni cuento ni glosa. Real. Me sucedió el año pasado. Nunca más he vuelto a verla.
Saludos

Wod: Me abrumas (tanta mayúscula es excesiva para mí). Lo del Nóbel tuve que rechazarlo porque ando muy liado con los niños y el curro, y los viajes largos me aburren. Así que se lo cedí a Vargas Llosa.
Tú sí que eres genial con ese "peazo" blog que tienes.
Tu amistad me ilumina.
Besotes.

BB: Muchas gracias por tus palabras.
Un besote

Miss Morpheus dijo...

Lo mejor de entrar en esta, tu casa, es que nunca sabes lo que te vas a encontrar.
Me gusta espiar a la gente. Inventar historias sobre sus vidas. Enternecerme y ver como sale lo mejor de mí ante otros. Bueno, más o menos lo que has conseguido transmitirnos tú.
(¿Qué leería?)
Añado algo a las palabras de tu abuelo: independientemente de la calidad del libro y de la persona que lo lee, las acciones solo tienen sentido cuando se llevan a cabo con pasión... Y ella parece que se estaba dedicando en cuerpo y alma a esa historia.

Un saludo.

Oscar Alonso dijo...

Mis Morpheus: tienes razón, ni yo mismo sé por dónde voy a salir cada vez que decido escribir algo.
Gracias por asomarte a mi puente.
Un besote.

Mita dijo...

Me has recordado a Almudena Grandes en una entrevista, hizo algunos comentarios sobre el proceso de escritura, decía que antes le pasaba esto que comentas...que ni ella misma sabía...pero que en sus últimas novelas comentó(muy en su estilo)no se me mueve ni Diossssssssssss
Besotes