(Carta abierta a mi publicista de cabecera)
Si en algún momento tuve dudas sobre el ser superior, tú con tu sabiduría omnisciente terminaste de despejarlas hace tiempo. Y no es que yo desee ahora descubrir el Mediterráneo, pero he de reconocer que me has abierto los ojos como quien usa para ello un ariete del doce.
Decidido. Seguro. Ya no quiero ser mujer. Lo digo convencido, iluminado por tus argumentos, rendido ante la clarividencia de tus postulados irrefutables. Lo dicho: ya no quiero ser mujer. Este verano me he dado cuenta de que se está más agustito vestido de hombre.
Tus doce motivos irreductibles:
1.- a las mujeres les crece pelo. Por todas partes. Pero esto sólo es el principio del meollo ontológico. Que si puntas abiertas, que si rizos imposibles. La que tiene el pelo moreno lo quiere rubio, la pelirroja desea ser morena. La que tiene el pelo liso lo ansía rizado y viceversa. Lo dice la chica que es Miss Universo de las pelambreras. Con mi pelo hago lo que quiero, y se ríe por lo bajini mientras luce un peluca de telón operístico. Estrés capilar que ningún macho por muy preparado que estuviese podría resistir mucho tiempo.
2.- luego vienen las rugosidades de los talones, las calenturas de los labios, las uñas cuarteadas, las patas de gallo, las varices, la papada, la pila de años de algunas y el blanqueante de dientes que luce en la oscuridad…
3.- la celulitis merece un capítulo aparte y exclusivo porque tú, querido publicista de cabecera, haces que esa epidermis floja y fondona desaparezca cuando la ejemplificas en una chica de veinte años, delgadísima ella que se mira al espejo medio en bolas y frunce el ceño aterrada. ¡Coño!, ¿a quién habrá visto al otro lado? Menos mal que los parches Comegrasín Plus lo resuelven todo en cincuenta sesiones. Así luego se puede lucir tanga que es un gusto y sonreír como una fumeta tarada.
4.-lo mejor para ser mujer moderna de las que la ministra imbécil declara iconos de la isla de Lesbos es alimentarse de cientos de litros de agua al día, unas galletitas diminutas que saben a cartón húmedo y leche con calcio (la que te regala un velero de tres palos desde cuyo mástil te precipitas al agua cada mañana para ser superguay. No se especifica si el velero en cuestión incluye tripulación de efebos viciosos y seguro obligatorio de viajeros).
5.- o se ponen hasta las corcovas de helados chorreantes de chocolate y cositas que flotan a la deriva en un universo de calorías comprimidas. Helados que ingieren en cantidades industriales, a solas, en plan onanista (yo me lo guiso yo me lo como) mientras una voz invisible les encamina susurrante hacia el gran atasco intestinal. El resto del papeo terrestre, por supuesto, ni tocar.
6.- porque luego pasa lo que pasa. ¿Qué tienen las mujeres en la cabeza? Además de pelo, claro está. Pues el cagar, qué va a ser. Siempre el cagar. No me extraña. Porque con esa dieta la que no está estreñida de morirse se va por la pata pa´ bajo que es un gusto y luego llega la sesión de flatulencias en plan órganos de Stalin. Todo el día pedorreando. Y claro, con tanto timbal, la zona se irrita a rabiar y salen a pasear las hemorroides. Menos mal que tú posees solución para todo y nos has abierto los ojos a todos los hombres del planeta. Es malo ser mujer. Pero que muy malo. Es decir, que si eres mujer vas de culo.
7.-Porque intentas hacer una caidita de Roma con tu dueña (o la de turno) y a ella va y le pica por allá abajo que parece que alojara una comuna de ladillas. O si no, aquello les cruje y hay que lubricarlo como el mecanismo del ascensor de mi portal que por la noche llora como un gato borracho. Y así no hay quien pueda, caramba, que todo son pegas y excusas.
8.- que a lo mejor es que, en realidad, todo se reduce a que se mean. Sí, sí. Porque las mujeres, ahora lo sabemos gracias a tu sabiduría, se mean a todas horas. Y no contentas con ello se reúnen en grupitos tuperware para comentar las mejores meadas, luego sonríen y se van a pasear en bicicleta o a bailar. Que hay que tener ganas, joder.
9.- o tienen la regla y se les ha movido la compresa que usan cuando llevan tanga, esos tangas que lucen con una soltura de bacante ante las amigas y tú sólo los ves pulcramente doblados en su cajón del dormitorio. Compresa diseñada específicamente para esos días con forma de punta de flecha yaromami, que acojona sólo de verla apuntando al culo. Pero tampoco catas porque todas las mujeres se han dado el piro a un concierto hippy que celebran en un desierto de a tomar por saco porque sí, o porque no, y saltan y ríen como drogatas en pleno viajecito y aparece un globo de flores por el cielo (no me digan que no es droga de la buena la que regalan en ese concierto) y a ver si el GPS de tu superbuga tiene huevos de encontrar el sitio en cuestión.
10.- o le vas a dar un beso y te suelta eso de, espera, cariño, que se me mueve la dentadura postiza. ¡Rediós! ¿Pero es que esto no va a acabar nunca?
11.- las mujeres, en sus ratos libres, se dedican a desatascar las tuberías del cuarto de baño que se llenan de unos horribles y malolientes pelos largos claramente femeninos. En definitiva: más atascos internos.
12.- se me ha olvidado con este trajín de averías, pero seguro que tiene relación con los últimos siete apartados.
Conclusión: lo dicho. Ya no quiero ser mujer. Me has convencido, estimado publicista de cabecera. Se vive mucho mejor siendo un hombre. A saber: bebiendo cerveza aunque no me guste, gritando como un enajenado mientras veo un partido de fútbol aunque no me guste (el gritar ni el fútbol), depilándome el pecho con una cortadora de césped aunque no me guste (el césped) ni ganas que tengo de dejarme el pecho como el culito de un bebé, o rascándome los pies en mitad de un partido de fútbol mientras el resto de la manada se rasca las bolas con una cerveza entre las manos que antes se han rascado los pies y las gónadas (no necesariamente por ese orden), y enseñando a las mujeres lo que deben comer para cagar a gusto.
Y a esto, queridos amigos y amigas, desde el origen de los tiempos se reduce la existencia feliz porque es lo que realmente le mola a cualquiera (el cagar, quiero decir. Evítese confundir, por supuesto, con cagarla). ¿No me lo negarán?