
Y luego pasa lo que pasa.
Que nadie se va a enterar de lo buena que me he puesto.
Diario de a bordo de un polizón en esta nave de locos que gira sobre su eje



Qué viejo me están haciendo este par de romanos.
No supo en qué momento exacto sucedió. Ya no le apetecía escribir historias. Las obligaciones, el trabajo, los niños habían ido acotando su tiempo hasta reducirlo a un mero islote en el limbo de la noche. Al cabo, se dio cuenta de que tampoco disfrutaba leyendo como antes, que en realidad podía pasar sin ello si, a cambio, rescataba un rato cada noche para sentarse ante el televisor para no pensar.
Y claro, luego todo cuesta más.

...naciste feo.

Pero nosotros nos hemos quedado con el balón.