martes 29 de septiembre de 2009

Y ahora sí, que sí, de verdad de la buena...

Y aquí, un seguro servidor, agotado y aburrido a partes iguales del trajín en general con el que los padres de la Patria siguen tocándonos las gónadas a base de bien, y de tanta gilipollez de culturetas de medio pelo, "menistros" y "menistras" y "concejales y concejalas, y consejeros y consejeras y cuñados y cuñadas y toda ese florilegium de imbéciles de buena família, que hay que colocar en algún sitio a Borja Mari y a Vanesita, se despide.
Me hubiese gustado conocer a todos esos puntitos rojos que figuran en el pequeño mapamundi que da noticias de que por ahí también hay gente que no duerme por las noches y tal y tal.
Pues eso, que estoy cansado y aburrido, muy aburrido y muy cansado. Y como esto no tiene visos de cambiar he decidido darme el piro.
Me voy una temporada con el capitán Nardus, Gazmoñez, Zipotus, Sodomizer, el doctor Anisakis, Casius (la rata mutante albina del tamaño de un perro a la que un ascensor capó el rabo), Rosa Margarita (miope y virgen a sus treinta y cinco primaveras, que sigue haciendo unas tartas cojonudas a base de vodka y Cefuroxima) y Rod, por supuesto (el fantasma de un paciente muerto que se cuela en las habitaciones de las Residentes para espiarlas) y toda la panda de descerebrados que pululan por la Sanidad de cartón piedra que habito.
Que sean felices.
AGUR

jueves 24 de septiembre de 2009

Aquí un valle de lágrimas

No sé, no sé, dicen desde hace meses que la cosa está de mírameynometoques desde que el tipo aquel, el de las gafitas con cara de pajillero, se la dio a todos los bancos del mundo con el timo de la estampita. Que la cosa va para largo y que casi mejor empezar a pluriemplear la terraza propia plantando patatas y tomates que los geranios sólo alimentan el espíritu. Y desde entonces, este valle de lágrimas se ha poblado de gurús del moco tendido que ya lo veían venir (y no dijeron nada los muy…) y proliferan los master en plañideras (Cómo salir de la crisis sin salir de casa y sandeces por el estilo). Y los políticos lloran, los banqueros lloran, los ladrones lloran porque ahora tienen que andar todo el día dando el palo para que la cosa salga rentable (como a los dos gremios anteriores), lloran los cuñados (de los susodichos políticos, banqueros y ladrones o cacos), lloran los jefes cuando ponen de patitas en la calle a sus amados empleados, y lloran los contables, y Briatore. Lloran los libreros, la viuda de Larsson, los editores, lloran los actores porque en este país de analfabetos nadie entiende su arte (excepto la ministra de cultura, claro), lloran los gestores de los tributos patrios (que a ellos les duele un huevo subir los impuestos a la chusma, perdón, quise decir al populacho), y los fabricantes de muebles y los vendedores de coches y los ladrones de coches. Hasta los chinos lloran, que eran los únicos a los que la crisis les iba como el año del perro y ya están haciendo las maletas. Todo este valle de llorones profesionales (y/o vocacionales) se lo debemos al tipo con cara de ratón. Mala persona, dicen los banqueros a los que los beneficios de este año (después de que los padres de la patria les adelantaran el aguinaldo by the face) no les luce tanto como otras veces. Malo, malo, repiten los políticos que no dan crédito salvo para ampliar las aceras de las ciudades hasta convertirlas en pistas de aterrizaje para Jumbos 747 (a saber con qué oscuras intenciones), construir macroestudios de fútbol (por aquello de que el deporte es cultura, o algo así, que lo han leído en algún sitio) y congelar salarios (de los funcionarios, se entiende que para eso trabajan a lo calentito). Pero que muy mala persona y tal y tal.
Ahora, precisamente ahora que todos hemos regresado de las vacaciones con los bolsillos con más agujeros que la camiseta de Rambo y el precio de los libros escolares cotiza en el mercado de Ámsterdam. Si algún lector tiene un vástago (o vástaga, no me vayan a lapidar las intelectuales del formalismo dialéctico) de, pongamos cuatro años, ya habrá apoquinado sus buenos ciento cincuenta euros por esos folletos de cuatro hojas con muchos santos que ahora llaman libros de texto. Más el uniforme, que los dichosos críos (insensibles ellos a la crisis) no dejan de crecer y siguen pidiendo la merienda cada tarde (glotones) y haciendo caquita y pis los más pequeños. Que no hay derecho, hombre. Por todo ello, los padres de la patrias que no dejan de darle vueltas al cerumen de sus meninges han decidido que lo mejor que se puede hacer es marear al personal hasta volverlo gilipollas total. Que si te doy los cuatros euros, que si te los quito, que si compras muebles te doy no sé qué, pero si eres un mierdecilla con un sueldo de los años treinta y no gastas será porque lo tienes todo metido debajo de una baldosa. Y ahora te vas a enterar, que te vamos a crujir vivo, malandrín avaricioso. Que si compras coche te damos esto otro, pero te subimos el impuesto de circulación y la gasolina y lo más cerca de tu casa que vas a aparcar va a ser en la periferia de la tundra siberiana (porque hemos ampliado las aceras y puesto bolardos, bolardillos y alcorques que son un primor del mobiliario urbano). Porque, en realidad, lo que tienes que hacer es coger el transporte público que, por cierto, hemos ajustado las tarifas porque la cosa contributiva no cuadra y no cuadra porque eres un ciruelo desconsiderado, que no gastas que si gastaras otro gallo cantaría. Jolín, que así no se puede ser europeo ni nada. Y deja de echarle la culpa al pajillero que ya le han caído cuatro cadenas perpetuas.
Ah, y no me fumen, coño, que es muy malo para la salud. Eso dicen.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Apuntes noctámbulos

4:30, a.m.
-Hoy es 09-09-09. Seguro que en algún sesudo tratado de numerología esta fecha posee un significado increíble. En realidad me da igual.
-Pues no, no he leído a Larsson y su trilogía del frío.
-Un perro ladra a lo lejos. Ya somos dos.
-Me tiemblan las piernas cada vez que mi hija me ensoga el cuello con sus bracitos y me susurra al oído: "Papá, te quiero mucho". Un día se lo recordaré.
-He perdido 15 kilos en tres meses. Ahora estoy apuntado en la lista de los "flacos".
-Un segundo perro responde a los ladridos del primero (que se ha debido quedar dormido).
-Sería cojonudo tener otra vez 20 años (con lo que sé ahora, naturalmente. Que uno no es tonto.)
-Ya no escribo nada decente desde hace meses.
-Tema para una futura conferencia: "Cefalea explosiva postcoital". Ahí queda eso. ¿Y qué se hizo del cigarrito postcoital?
-Cada día me aburre más mi trabajo.
-Y todo lo demás.
-Iba a añadir algo más mientras contemplo un cielo estrellado que aventura otro día de calor. Pero se me ha olvidado.
Lo dicho: todo esto debe de tener algún significado oculto.

martes 8 de septiembre de 2009

Historia Natural

Sois la forma de vida más avanzada que existe.


No lo olviden ustedes nunca.

A mí es que me da la risa. Pero, claro, yo pertenezco a una forma de vida inferior.

jueves 3 de septiembre de 2009

Universos domésticos de ayer y de hoy (2)

Habíamos pasado la tarde mi pirata y yo viendo Blancanieves y los siete enanitos en la televisión. Tras la última escena en la que la niña se marcha a lomos del caballo blanco del príncipe, pregunto con toda la inocencia de un padre de cuarenta:
- ¿Y ahora qué va a pasar con los enanitos?
Mi pirata no da tiempo a la reflexión:
-Que se quedan sin cocinera -responde.

lunes 31 de agosto de 2009

Universos domésticos de ayer y de hoy

Tumbados tripa arriba en la playa mi pirata (cuatro años y medio del ala) y un servidor, miramos al cielo increíblemente azul, tan limpio que parece pintado a mano. Un escenario propicio para las confesiones trascendentes.
-¿El cielo es más grande que Bilbao? -pregunta mi pirata con los brazos bajo la nuca.
-El cielo es infinito -respondo-. Infinito significa que es tan grande que nadie sabe dónde acaba.
El rumor de las olas del mar llega tamizado por el sonido de una familia que acaba de acampar a nuestro lado (y mira que la playa es grande de cojones). Pero eso no distrae la atención de mi pirata.
-Yo sí sé dónde acaba -sentencia muy seria.
-¿Ah sí? Je, je.
-Sí, pero no me acuerdo cómo se llama la calle.

jueves 20 de agosto de 2009

No sé, no sé...

Y el caso es que cuanto más lo pienso menos lo entiendo. Uno que va ya para mayorcito sin embargo no deja de sorprenderse cada mañana. Y el caso es que, no sé, no sé, reflexiono en silencio sentado en mi despacho del quirófano. Me fumo un cigarrillo, me levanto, paseo de una esquina a otra, miro al techo, hacia ese lugar indefinido donde seguramente Dios ha dispuesto una cámara para no perder detalle de todas las chorradas que a uno se le van ocurriendo a lo largo del día. Porque mira que hay tiempo para todo. Y sigo pensando. El rumor de fábrica que sale del quirófano semeja un buque en alta mar. Agosto. Fuera de estos muros luce un sol, seguro, lo dijo ayer el hombre del tiempo. Pero no hay manera de saberlo porque uno empieza su jornada cuando todavía no han puesto ni las calles. Y el caso es que desde hace algún tiempo no hago más que darle vueltas a una inquietud que, a veces, me confirma que en este planeta estamos solos. Quiero decir solos, solos, cada uno con su cuerpo (o lo que sea que lo acoge) pero rodeados de gente. Y me ha dado por pensar, precisamente hoy que todo ha ido como la seda, que debería estar contento de salir pronto del curro, callejear por esta ciudad que está de fiesta... Pero no. He cogido (perdón, quise decir, "tomado") el teléfono y he estado a punto de llamar a mi amigo Pilarín para ir a tomar una cerveza (o cualquier otra cosa). Pero al punto he recordado que el muy cabrón está de vacaciones en Galicia poniéndose morado de pulpo y albariño. Tentado he estado de seguir la lista de amigos con quienes compartir el resto de esta mañana de agosto. Puedo certificar de cuerpo presente que luce el sol (como auguraba el hombre del tiempo. El muy puñetero ha acertado). Y el caso es que ahí ha quedado resumido el meollo de la cuestión. No había más amigos en la lista. Pilarín y después la nada. "Hostias, doc", me he dicho, "como tengan que portar tu féretro un día de estos, lo tiene complicado Pilarín.
Y el caso es que cuanto más lo pienso menos lo comprendo. Cuarenta años y un solo amigo. Dios se debe estar partiendo de risa. Y, bueno, pensándolo bien es para mearse, el descojone padre con toda la corte celestial de bufones batiendo palmas. Sólo espero que a Pilarín no le de un jamacuco con tanto pulpo y tanto albariño y me deje todavía más solo. Entonces sí que sería un cabrón. Un mal amigo, un amigo que mejor no tener. Pensándolo mejor me voy a casa y asunto resuelto.

lunes 10 de agosto de 2009

Ya no quiero ser mujer

(Carta abierta a mi publicista de cabecera)
Si en algún momento tuve dudas sobre el ser superior, tú con tu sabiduría omnisciente terminaste de despejarlas hace tiempo. Y no es que yo desee ahora descubrir el Mediterráneo, pero he de reconocer que me has abierto los ojos como quien usa para ello un ariete del doce.
Decidido. Seguro. Ya no quiero ser mujer. Lo digo convencido, iluminado por tus argumentos, rendido ante la clarividencia de tus postulados irrefutables. Lo dicho: ya no quiero ser mujer. Este verano me he dado cuenta de que se está más agustito vestido de hombre.
Tus doce motivos irreductibles:
1.- a las mujeres les crece pelo. Por todas partes. Pero esto sólo es el principio del meollo ontológico. Que si puntas abiertas, que si rizos imposibles. La que tiene el pelo moreno lo quiere rubio, la pelirroja desea ser morena. La que tiene el pelo liso lo ansía rizado y viceversa. Lo dice la chica que es Miss Universo de las pelambreras. Con mi pelo hago lo que quiero, y se ríe por lo bajini mientras luce un peluca de telón operístico. Estrés capilar que ningún macho por muy preparado que estuviese podría resistir mucho tiempo.
2.- luego vienen las rugosidades de los talones, las calenturas de los labios, las uñas cuarteadas, las patas de gallo, las varices, la papada, la pila de años de algunas y el blanqueante de dientes que luce en la oscuridad…
3.- la celulitis merece un capítulo aparte y exclusivo porque tú, querido publicista de cabecera, haces que esa epidermis floja y fondona desaparezca cuando la ejemplificas en una chica de veinte años, delgadísima ella que se mira al espejo medio en bolas y frunce el ceño aterrada. ¡Coño!, ¿a quién habrá visto al otro lado? Menos mal que los parches Comegrasín Plus lo resuelven todo en cincuenta sesiones. Así luego se puede lucir tanga que es un gusto y sonreír como una fumeta tarada.
4.-lo mejor para ser mujer moderna de las que la ministra imbécil declara iconos de la isla de Lesbos es alimentarse de cientos de litros de agua al día, unas galletitas diminutas que saben a cartón húmedo y leche con calcio (la que te regala un velero de tres palos desde cuyo mástil te precipitas al agua cada mañana para ser superguay. No se especifica si el velero en cuestión incluye tripulación de efebos viciosos y seguro obligatorio de viajeros).
5.- o se ponen hasta las corcovas de helados chorreantes de chocolate y cositas que flotan a la deriva en un universo de calorías comprimidas. Helados que ingieren en cantidades industriales, a solas, en plan onanista (yo me lo guiso yo me lo como) mientras una voz invisible les encamina susurrante hacia el gran atasco intestinal. El resto del papeo terrestre, por supuesto, ni tocar.
6.- porque luego pasa lo que pasa. ¿Qué tienen las mujeres en la cabeza? Además de pelo, claro está. Pues el cagar, qué va a ser. Siempre el cagar. No me extraña. Porque con esa dieta la que no está estreñida de morirse se va por la pata pa´ bajo que es un gusto y luego llega la sesión de flatulencias en plan órganos de Stalin. Todo el día pedorreando. Y claro, con tanto timbal, la zona se irrita a rabiar y salen a pasear las hemorroides. Menos mal que tú posees solución para todo y nos has abierto los ojos a todos los hombres del planeta. Es malo ser mujer. Pero que muy malo. Es decir, que si eres mujer vas de culo.
7.-Porque intentas hacer una caidita de Roma con tu dueña (o la de turno) y a ella va y le pica por allá abajo que parece que alojara una comuna de ladillas. O si no, aquello les cruje y hay que lubricarlo como el mecanismo del ascensor de mi portal que por la noche llora como un gato borracho. Y así no hay quien pueda, caramba, que todo son pegas y excusas.
8.- que a lo mejor es que, en realidad, todo se reduce a que se mean. Sí, sí. Porque las mujeres, ahora lo sabemos gracias a tu sabiduría, se mean a todas horas. Y no contentas con ello se reúnen en grupitos tuperware para comentar las mejores meadas, luego sonríen y se van a pasear en bicicleta o a bailar. Que hay que tener ganas, joder.
9.- o tienen la regla y se les ha movido la compresa que usan cuando llevan tanga, esos tangas que lucen con una soltura de bacante ante las amigas y tú sólo los ves pulcramente doblados en su cajón del dormitorio. Compresa diseñada específicamente para esos días con forma de punta de flecha yaromami, que acojona sólo de verla apuntando al culo. Pero tampoco catas porque todas las mujeres se han dado el piro a un concierto hippy que celebran en un desierto de a tomar por saco porque sí, o porque no, y saltan y ríen como drogatas en pleno viajecito y aparece un globo de flores por el cielo (no me digan que no es droga de la buena la que regalan en ese concierto) y a ver si el GPS de tu superbuga tiene huevos de encontrar el sitio en cuestión.
10.- o le vas a dar un beso y te suelta eso de, espera, cariño, que se me mueve la dentadura postiza. ¡Rediós! ¿Pero es que esto no va a acabar nunca?
11.- las mujeres, en sus ratos libres, se dedican a desatascar las tuberías del cuarto de baño que se llenan de unos horribles y malolientes pelos largos claramente femeninos. En definitiva: más atascos internos.
12.- se me ha olvidado con este trajín de averías, pero seguro que tiene relación con los últimos siete apartados.
Conclusión: lo dicho. Ya no quiero ser mujer. Me has convencido, estimado publicista de cabecera. Se vive mucho mejor siendo un hombre. A saber: bebiendo cerveza aunque no me guste, gritando como un enajenado mientras veo un partido de fútbol aunque no me guste (el gritar ni el fútbol), depilándome el pecho con una cortadora de césped aunque no me guste (el césped) ni ganas que tengo de dejarme el pecho como el culito de un bebé, o rascándome los pies en mitad de un partido de fútbol mientras el resto de la manada se rasca las bolas con una cerveza entre las manos que antes se han rascado los pies y las gónadas (no necesariamente por ese orden), y enseñando a las mujeres lo que deben comer para cagar a gusto.
Y a esto, queridos amigos y amigas, desde el origen de los tiempos se reduce la existencia feliz porque es lo que realmente le mola a cualquiera (el cagar, quiero decir. Evítese confundir, por supuesto, con cagarla). ¿No me lo negarán?

jueves 6 de agosto de 2009

Nos vamos de vacaciones...(y 2)

Os lo dije, ¿o no? ¿Verdad que os lo dije? Girar a la derecha en el último cruce.


Pero vosotros como si nada. Pues ahora a ver quién baja del coche y pregunta a los lugareños.

miércoles 5 de agosto de 2009

Nos vamos de vacaciones...

Eso sí...

... no queda muy claro a dónde.

miércoles 29 de julio de 2009

Hoy no


Los he visto en alguna ocasión por curiosidad, también por lo de pillar erratas o estupideces de guionista de medio pelo con más ínfulas que talento. Y francamente, me quedo más tranquilo con lo que tenemos en la Sanitas Populis. Quiero decir que no estoy enganchado a ninguna de esas series de batas, bisturís y puterío fino a tutiplén sobre las tripas abiertas de un paciente. Doctor House, Anatomía de Grey, Urgencias (sé que me dejo alguna en la sobaquera) y, ya puestos, algo patrio por vena como Hospital Central, donde el cardiólogo hace también de pediatra, cirujano plástico y, si le dejan, se cepilla a las residentes que es un primor. La enfermería al completo se desmelena que es un gusto (no como en el mío que son una pandilla de monjas), y hasta el celador (uno solo para todo el hospital, será por lo de la crisis) diagnostica de oído.
He visto fragmentos de algún capítulo, esos gestos ariscos casi hostiles para con el mundo, los ceños fruncidos de preocupación o de enfado con el paciente o con el susodicho guionista que vaya chorrada de línea me da en esta escena (nunca queda claro del todo) y, bueno, en fin, cómo puedo decirlo finamente sin herir sentimientos: pura mierda.
Porque cuando has visto de verdad morir a gente en directo, gente con la que la tarde anterior habías bromeado, gente que no se va a levantar más de la cama y sólo les queda la soledad del muerto y ese rictus funerario de “al pedo con todo”; cuando has visto morir a un niño mientras sus padres en la sala de espera piensan que a ellos no les va a tocar porque siempre les toca a los otros, joder, mamá, que salimos de esta; cuando has tenido que realizarle la autopsia a un recién nacido todo lo demás es, en efecto: una, grande y pura mierda.
Así que mejor no hablamos de Dios, por favor. Hoy no.
Y no sé si me entienden.